miércoles 20 de julio de 2011

EL TEJIDO DE ESPERANZA

El Edén. Quizá se llama así porque allí existe el paraíso. Todo es brillante. Los cultivos cuadriculan el paisaje en gama de verdes que envidian los artistas. El sol se embelesa con sus rayos matutinos cayendo en saetas disparadas por dioses encumbrados. Luces que se estallan en los frutos del cafeto, pequeñas esferas carmesí que maduran con prodigio. En este sembradío aromatizado de placeres está la chapolera que arranca con destreza del arbusto sus semillas para después depositarlas en el cesto donde caen todas las estrellas.
Como ave circundante planeo sobre el verde y pródigo tapete tejido de campiñas y bosques sin hachas ni machetes. Llego impulsado por mis pasos y mi instinto a una pequeña casa de tejas de añoso barro, con puertas y ventanas rústicas, sin pigmento. De paredes de pañete expuesto con su amarillo ocre. Rodea a la vivienda un jardín florido salpicado de colores excitantes, árboles frondosos, profusos en flores vivas. Se sienten aromas miríficos que transportan el espíritu a cumbres celestiales.
Al llamar responde desde el interior de la casucha, una voz femenina con musicalidad de arpas, flautas y violines. Voz acompañada de una hermosa dama con vestiduras humildes, cuerpo de reina y alma de diosa. Trae en sus manos el tejido del día, con palma de toquilla, con forma de sombrero. De sombrero aguadeño.
Me invita a seguir y yo entro a su mundo tan sencillo como ella, tan agradable el entorno, con un orden armonioso, premeditado y bello. Sirve una generosa taza de café de “pepa” que se convierte en elíxir aromatizante que revive mis sentidos. Ella me atiende como un antiguo amigo, actúa como si nuestros encuentros ya hubiesen sucedido, Habla con la claridad y confianza propia de una madre con su tierno hijo. Mientras habla teje, absorta en la confusa urdimbre que toma forma de sombrero, con la habilidad de la maestría, con la rapidez que desenfoca la retina.
Su mano acaricia la fibra con la misma ternura que acaricia a su hombre. Sin preguntarlo hace referencia de su marido para indicar instintivamente que ya tiene dueño.- “El es maravilloso, madruga siempre a su cafetal florido, con el morral a cuestas donde lleva un almuerzo envuelto en hojas de “viao”: arroz, carne ahumada, plátano maduro; y en un botellón de Coca Cola la “aguapanela” en leche que sirve también de ambrosía”. –“¿Y los niños? - Son tres mis angelitos, tres mis adoraciones. En la mañana los veo perderse en el camino, van a la escuelita rural llenitos de alegría”.
Ella está en el marco de la puerta de su nido, sentada cómoda en un banco de madera empobrecida, en el piso de piedra una totuma con agua para saciar la sed de la fibra. Otros manojos de iraca cuelgan como cortina. Un gato pequeño juguetea sin preocupaciones con los hilos porque el perro duerme el sopor del medio día. La radio fija en el dial su emisora, que reparte con sus ondas mágicas un rosario cargado de rogativas.
-“Tejer es ilusión pasajera, hago dos sombreros por semana” -Dice mientras revisa que la trama ha quedado pulida. –“Tejer para prolongar la tradición de mi familia”. – “Tejo esperanza, ilusión y sosiego, con el ideal que mi sombrero un día, lo luzca un hidalgo caballero”. Y es que ella lo hace hasta ver morir la tarde con sus colores de fantasía; es cuando que llega su esposo, sus tres hijos, su familia.
Continué flotando en el camino de hojas secas siguiendo las huellas del tiempo que horadaron profundos canelones por donde circuló el indio, el colono, el arriero. Como sangre que viaja por las venas llevando vida.

EL PASILLO COLOMBIANO



Alboreaba la década del 90 del fenecido siglo XX, y como para “cerrar con broche de oro”, Aguadas regalaba al país la primera versión del hoy consolidado Festival Nacional del Pasillo Colombiano, en homenaje a los inmortales Hermanos Hernández Héctor, Francisco y Gonzalo, oriundos del pueblo y primeros embajadores de la música colombiana en el exterior.
Fue el ilustre aguadeño, Don Aníbal Valencia Ospina q.e.p.d., quien hacia el año de 1980 concibió la feliz idea de una nueva Fiesta del Folclor, en Aguadas, la cual, acogida por don Marino Gómez Estrada, hombre cívico por excelencia, hizo posible la cristalización de una de las más grandes realizaciones culturales del pueblo, cuyo lanzamiento oficial se hizo en 1989 y su primera versión, en el año de 1990.
La Corporación Turaguadas, bajo la dirección de la Señora Dilia Estrada de Gómez, con sede en la ciudad de Manizales, fue la encargada de la planeación, organización y realización del Festival, con el apoyo, colaboración y compromiso de un diligente equipo de aguadeños residentes en la localidad, habiéndose llegado hasta la versión XVI, en el año 2006.
Hoy se llega a la versión número veinte del reconocido Festival Nacional del Pasillo Colombiano, liderado directamente por la Administración Municipal, que preside el Doctor Jorge Iván Salazar Cardona con un grupo interdisciplinario y comprometido con los procesos. Uno de los más sonados méritos del certamen, es el haber inspirado y comprometido a la generación joven del país, en el solícito cultivo del folclor de La Patria, especialmente de este aire musical, dando origen a novedosas creaciones, y a sui géneris interpretaciones a ritmo de pasillo, que hacen de Aguadas “un espacio universal” al recibir toda la organología que permite su interpretación: el charango andino, las quenas y rondadores de Nariño, la chirimía del Cauca, la tuba, el violín artesanal y los vientos del Chocó, las marimbas artesanales de La Costa Pacífica, además de los instrumentos clásicos, como son la guitarra, el triple y la bandola.
Dos categorías son tenidas en cuenta en el concurso: Vocal e Instrumental, agrupadas en varias modalidades: Solistas, Duetos, Tríos y Conjuntos, que sumadas a otro tipo de expresiones: Coreografías, Talleres, Foros, Investigaciones y toda una serie de actividades, como el fastuoso Desfile Folclórico, hacen del ámbito local, un singular ambiente en donde se respira pasillo…, huele y sabe a pasillo, y ¡a amor patrio…! y se percibe un incomparable colorido, sincronizado con la alegría, la hospitalidad, la calidez y el civismo de los aguadeños.
En este año 2011, el Festival Nacional del Pasillo Colombiano, promete ser una serenata romántica para Colombia, para emocionar, inspirar y disponer el corazón y cantarle a la vida, al amor, al paisaje, al dolor, a la alegría…, desde Aguadas, Ciudad Bicentenaria, genuino escenario de paz y confraternidad.

viernes 17 de diciembre de 2010

FELIZ NAVIDAD AGUADAS


Este es momento para desearle a todas y a todos mis amigos y conocidos la más feliz Navidad y prosperidad en el 2011. Pongamosle a nuestros ideales optimismo, a nuestros corazones , alegría, comprención y perdon y a nuestra vida paz y armonía con nuestros semejantes y la naturaleza.
Cordialmente. Carlos Osorio

martes 9 de noviembre de 2010

ANTECEDENTE PREHISTÓRICOS DE AGUADAS


En la época de la conquista y a la llegada del Mariscal Jorge Robledo existían tribus indígenas descendientes de la gran nación de los Tahamíes, estos junto con los Nutabes y Catíos ocuparon el gran territorio del departamento de Antioquia y actual Caldas. Al llegar los conquistadores encuentran el primer poblado de Arma localizado en las sierras entre los ríos Buey y Arma, según la descripción, los Armados tenían su asiento por las sierras de las márgenes de los ríos Cauca y Arma en lo que hoy es Damasco, La Pintada, Bocas, y siguiendo rio arriba del Cauca hasta las tierras de La María, donde se encuentran los petroglifos en los terrenos de la hacienda El Dorado; dispersándose en los terrenos hoy conocidos como El Oro y Potosí.

Dice el escritor Delio Gómez García en su libro “Santiago de Arma”, Relata las crónicas antiguas cuando llega Jorge Robledo a las provincias de los Armados, “estos se dejan ver a lo lejos de él y de sus huestes ricamente aderezados: patenas, petos, chagualetes, collares, brazaletes, narigueras; un sin número de artefactos de oro”…

De los Cucuyes o Armados hacían parte varios pueblos indígenas entre ellos: Sirvas, Payucos, Maytamaes, Murquiros, Murmitas, Paucuras, Pitos, Perbitas. Entre los jefes indígenas figuran: Paco, Yayo, Piramacúa, Cauroma, Ugua, Pimaná, Pipintá; siendo el máximo jefe Maytamac.

Pipintá fue el cacique principal de los Armados, según las crónicas fue de gran poder y riqueza, escondió estas posiblemente en las comarcas situadas entre La Villa de Arma y el puente La Caná sobre el rio Cauca (Visión de Aguadas, Francisco Franco. Tomo uno 1814 – 1994).

El interés de los pueblos aborígenes giraba en torno a la consecución de los alimentos; cultivaban la yuca, arracacha, mafafa, auyama, cidra, guanábana, guayaba, guama, chachafruto, que eran productos de tierras cálidas y hacían trueque con los vecinos Ciriguas y Sonsúes, por alimentos de las tierras frías como son los sitios aledaños al municipio de Sonson. Aparte de estos productos agrícolas también contaban con pesca y carne en abundancia producto de las cacerías en la vertiente del río Arma.

Cieza de León, miembro de la comitiva de los españoles al llegar al territorio dice: “Es muy grande y muy poblado y la más rica de todas sus comarcas, tiene más de veinte mil indios de guerra…” “Tendrá en longitud diez leguas y de latitud seis o siete y en circuito dieciocho leguas más o menos…”.

La distribución de los aborígenes se puede situar de la siguiente manera: Los Cocuyes o Armados en las tierras del Corregimiento de Arma, los Pitos en la vereda Pito, Los Palenques en las veredas de Santa Ana y Rio Arriba, Los Mermitas y los Perbitas en la vereda de Mermita, los Guacos en la vereda Guaco, los Maitamáes hacia los límites de Abejorral y Sonson, Los Tarcaráes hacia las veredas de Tarcará y Santa Inés, Los Paucuras en el sur de Aguadas y el municipio de Pácora; estas agrupaciones lindaban hacia el río Cauca con Los Cartamas y Caramantas, hacia el norte con la familia Tahamí, hacia el suroeste con los Pozos y algunas agrupaciones de los Pantágoras. Vivían en determinadas unidades espaciales formadas por cinco o seis bohíos cada una, hechas de paja y en forma cónica, podían albergar desde diez hasta veinticinco personas; delante de estos tenían una plazoleta hecha en guadua.

El cronista Cieza de León nos dice sobre el vestido que los varones vivían desnudos y las mujeres usaban pampanillas o cubresexo, los caciques usaban vistosas mantas, coronas, penachos y narigueras de oro, en épocas de guerra se aderezaban con coronas, brazaletes con cascabeles y sonajas, petos de oro, penachos con plumas de colores y aderezos que causaron la codicia del español, surge entonces la leyenda del “tesoro de Pipintá” incitando a la búsqueda de esta riqueza oculta por medio de las guacas “cuyos objetos fueron vendidos o en algunos otros casos destruidos perdiéndose de esta manera valiosa información de nuestra etnohistoria y pasado aborigen.

La base de su organización social era la familia, existía la poligamia. Los cacique se casaban con las sobrinas o hermanas, cuando este moría era enterrado con sus mujeres, armas, utensilios, objetos rituales, muchos de ellos fabricados en oro extraído de las arenas del río Arma, este no era trabajado en estado puro sino que lo mezclaban con cobre, aleación que toma el nombre de tumbaga.

Tenían una idea vaga sobre un ser creador, según los petroglifos encontrados en el sitio de El Dorado, parecen que tuvieron ideas totemistas (creencias de un pasado animal protector para cada una de las familias: ranas, Lagartijas, serpientes etc.).

El 25 de julio de 1542 el capitán Miguel López Muñoz por orden de Sebastián de Belalcázar hace la fundación del poblado de Arma en la margen izquierda del rio Arma en los territorios de las actuales haciendas de El Oro, la Esmeralda y Potosí, los naturales salieron en paz a recibir a don Miguel obsequiándole oro en ciertas cantidades; Más tarde los nativos se levantaron contra el fundador y este argumentó una guerra justa para combatir la rebeldía de los nativos. El pueblo fue finalmente exterminado, se repartieron lo que quedó de los indígenas y de sus tierras iniciándose “las encomiendas”, su destrucción fue irreparable, quedan entonces evidencias arqueológicas que nos muestran los restos de sociedades ya desaparecidas, su dinámica social y cultural que los ubican dentro de un espacio y tiempo de nuestra gran historia colombiana.

EL LIBRO DE OTTO MORALES BENÍTEZ


En marco del 6º Encuentro de Escritores Aguadeños, se editó el libro “AGUADAS, ENTRE LAS LUMBRES DE SU HISTORIA Y DE SUS HIJOS” escrito por el Dr. OTTO MORALES BENÍTEZ, donde se recopila la escancia de un pueblo con hidalguía, donaire y tradición. El Dr. Otto es autor de ciento veinticinco libros, ex ministro y profesor de literatura universal, colombiana y americana en la Universidad Pontificia Bolivariana y en el Gimnasio Femenino; recibió en Cúcuta un amplio respaldo para su nominación al Premio Príncipe de Asturias de España. Universidades, corporaciones académicas, organizaciones gremiales y entidades públicas, han suscrito cartas en apoyo de esa posibilidad.
El pensamiento de este importante intelectual colombiano se puede estudiar en el Centro Otto Morales Benítez “CENTOTO” que fue fundado por Adela Morales Benítez de Look y Olympo Morales Benítez, con el fin de estudiar la obra del autor, prolífica y que aporta muchos planteamientos importantes para el conocimiento y entendimiento de nuestra realidad nacional, social, económica y política. Se encuentra en una casa que es parte del patrimonio histórico de la ciudad de Bogotá y cuenta con unos recursos mínimos y propios. No tiene compromisos económicos con nadie, lo que le permite gozar de la autonomía que requiere el estudio de esta obra que Otto Morales Benítez ha escrito con independencia de gobiernos o de grupos sociales o políticos, principio válido que rige nuestras vidas.
El objetivo principal del centro es tener la información disponible que pueda ser utilizada por quien la requiera para el estudio de los planteamientos centrales de la obra de Otto Morales Benítez.
Al norte de Caldas, y en abrazo perenne con Antioquia La Grande, se levanta altiva y majestuosa, Aguadas, la Ciudad de la Brumas; es un pintoresco pueblo típico, acunado en el mismo corazón de Colombia, donde se conservan las tradiciones y costumbres del pueblo paisa, lo que se puede apreciar en sus paisajes, arquitectura, folclor, y en la amabilidad de su gente; ofrece una gran diversidad de atractivos culturales, naturales, arqueológicos y religiosos para conocer y disfrutar…, para ¡quedarse en Aguadas!, o, ¡regresar muchas veces…!
Es el primer municipio del departamento de Caldas fundado durante el proceso de colonización antioqueña en 1808, conserva muchos elementos propios y autóctonos, que testimonian la identidad de esta región; tal es el caso del Centro Histórico, ubicado en la zona urbana, declarado como Monumento Nacional en 1983 por mantener el estilo colonial antioqueño en su arquitectura, con casas señoriales de balcones y portones con hermosas tallas en madera, techos generosos en teja de barro sostenidos por paredes de tapia y bahareque; además, antiguas tradiciones heredadas de los antepasados, como el tejido de la fibra extraída de la palma toquilla o iraca para la elaboración de artesanías y en especial del mundialmente conocido Sombrero Aguadeño, símbolo de la región.

EL PUTAS DE AGUADAS


Quizás fue la recia presencia de los arrieros que recorrieron durante épocas pretéritas esos agrestes caminos de las altas montañas, o ese espíritu emprendedor y aventurero de los osados campesinos que se atrevieron dominar las inclementes montañas, o la identidad de gente amable, sencilla y trabajadora de los colonos antioqueños que fueron expandiendo su cultura, forma de vida e ideales por valles y cordilleras… lo que inspiró a que el escritor aguadeño Juan Ramón Grisales le diera vida a Quico Quintana como un personaje con las cualidades propias del campesino “Berraco”, más conocido como “El Putas de Aguadas” quien como un héroe propio de nuestras aceptaciones y donde cada uno de los habitantes de estas hermosas tierras se sintieron reflejados y aludidos para luego ser aceptado como un ícono de identidad.Ahora los “Putas de Aguadas” son todos los aguadeños que por cualidades propias, habilidades y aptitudes han logrado este calificativo que es asumido con honor y reconocimiento, también es todo aquel que por actos de valentía o riesgo asume el papel de héroe de carne y hueso o el que con sus cualidades de emprendimiento logran empresas catalogadas de imposibles y conquistan metas que se precisaban inalcanzables, adicionalmente es sinónimo de optimismo, alegría, empuje y fe en Colombia ; y así el mote de “El Putas de Aguadas” se va asumiendo por todos los que han logrado ese especial calificativo.

AGUADAS ES PASILLO


Un manto de espesa neblina trepa las empinadas montañas hasta llegar a la cumbre y pronto va a cubrir el pueblo en un abrazo celestial, se escucha las tonadas musicales de bambucos y pasillos en cada esquina y el aroma de un café bien preparado se va disolviendo en la niebla en una mezcla embriagante de fantasías e ilusiones.Es allí, donde todo un pueblo se prepara afinando tiples, bandolas y guitarras, donde los cantores ensayan sus tonadas ante un público exigente, los músicos sacan de pianos, tiples, bandolas y violines las más hermosas melodías, y danzantes cuerpos juveniles embriagan con rítmicos movimientos… Allí está Aguadas, “La Capital del Pasillo”, la sede del Festival Nacional del Pasillo Colombiano que cada año se celebra en Aguadas con rotundo éxito nacional y resonancia internacional.